-[ trip trip ]-
marzo 10, 2008Carlos Colmillo anda por ahí, buscando entre las nostalgias una ventana que le permita abandonarlas. En el yeso de las paredes no ve más que gemelos de minutos: sonrisas estáticas llenas de sarcasmo. De su nariz dos lineas congeladas, detrás del plomo de sus bigotes un par de labios ensangrentados. Cada pulmón exhala un hedor que empaña sus gafas y el crujir de las cucarachas se confunde con el chirriar de sus dientes.
Carlos Colmillo es un gran personaje. Habita este mundo y recuerda continuamente que la vida no existe. "Una pantalla" diría de vez en cuando, "un sueño de la nada" en otras ocasiones. Camina encorvado con la felicidad de su infancia; por los pliegues de su cuerpo se escurren recuerdos en tercera persona.
De que sirve la memoria, para qué acabar con la escoria es el verso que repite de una canción hace años inventada. Él dice que camina, pero sabe que no va a ningún lado. Cuando acaricia un perro no puede evitar la dramatización mental de su último aliento: el cerrar los ojos y no volverlos a abrir, el nunca inflar el pecho de nuevo.
Le duele cada segundo, pero tiene una gran resistencia al dolor. ¡Es más!, prefiere morir lenta y dolorosamente que tan sólo dejar de existir. Algunos dicen que es un tonto, otros que es alguna clase de sabio, pero todos le llaman Carlos Colmillo, porque su hambre... ¡Ay!, su hambre no tiene par.

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