{ lejos }

agosto 13, 2007

Hay un hombre al que me gusta mirar cuando las gaviotas son atropelladas. Verlo serio e inmutable ante tal acto,
ahogado en sus pensamientos, recreando con la mirada una y otra vez la forma en que el cuello avícola se quiebra y los órganos abandonan su cavidad. Pareciera revivir cada vez que las gaviotas bajan por la comida que les tira al medio de la calle. Sé que lo hace a propósito, sé que le gusta ver como mueren esos animales por su culpa. Le encanta sentirse culpable. Lo disfruta como nadie, en silencio, y con una carcajada dentro del corazón, sumergida detrás de sus labios impávidos e inmóviles.

Goza matando lo que vuela y viaja. Cree que de esa forma mata distancias.

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